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En el primer año de vida, el niño empieza a conocer su entorno a través de sus sentidos. El tacto es el sentido que el bebé emplea para recibir información del mundo exterior y es de vital importancia para su desarrollo cerebral. Cuando el bebé es acariciado o pasamos por su piel diferentes texturas, se envían mensajes al cerebro y se realiza una interconexión entre sus células cerebrales, estas conexiones son las que le servirán al niño para adquirir funciones principales como hablar, ver, sentir, moverse y aprender. |