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Dos de las principales funciones orales de nuestro organismo son la Masticación y la Deglución que al tener un desarrollo normal no sólo ayudarán a mejorar el proceso de digestión sino también el del lenguaje. Ambas funciones dependen una de otra ya que los grupos musculares que participan actúan de forma combinada y muchas veces simultáneamente.
La Masticación es una función aprendida ya que para lograrlo se debe pasar por todo un proceso, condicionada porque dependerá de diversos factores para que se de en forma adecuada y
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automática por tratarse de una acción que responde a una necesidad básica.
Durante los primeros meses de nacido el niño presenta dos reflejos necesarios para que pueda mamar: “reflejo de succión” y “reflejo de deglución”, además que ayudan a mejorar el funcionamiento de la boca. Entre los 5 y 6 meses el bebé es capaz de succionar líquidos y alimentos suaves como las papillas de una cuchara porque sus labios tienen mayor fuerza, es durante el periodo de dentición que será capaz de morder y masticar alimentos semisólidos que progresivamente serán totalmente sólidos. Finalmente, alrededor de los 8 meses podrá usar una taza o vaso para tomar líquidos ya que el control bucal está más desarrollado. Es recién a los 3 ó 4 años de edad que podemos exigir al niño el uso de un sorbete porque la succión de los labios es más fina.
La mordida correcta es bilateral, se mastica los alimentos de forma alternada o simultánea, primero de un lado y luego pasa el bolo alimenticio al otro lado o de lo contrario se mastica con ambos lados al mismo tiempo. Esto si existe una buena oclusión de los dientes.
La Deglución constituye la fase final de la masticación, con esta función se inicia la digestión de los alimentos. Comprende un conjunto de movimientos voluntarios que se van transformando en involuntarios o automáticos.
Los niños menores de 5 años tienen la característica de deglutir sus alimentos con los maxilares separados y la lengua entre ellos, es decir, con la boca abierta y ayudándose con la lengua a llevar el alimento hacia la garganta. Pasada esta edad, la deglución es más madura y el niño ya mastica con la boca cerrada pudiendo controlar los movimientos de su lengua y deglutir sin dificultad.
De no existir un buen patrón alimenticio puede originarse problemas de lenguaje asociados a una deglución atípica o a una mal oclusión, dificultando el aprendizaje al hablar.