¿Cómo realizar una estimulación temprana eficaz?


Estimular las capacidades del niño de manera armónica, sin alterar el curso de su desarrollo y potencializar al máximo sus habilidades y destrezas implica tener herramientas y criterios básicos para realizar un programa de estimulación temprana. 

Si bien es cierto, no existe un modelo de programa único, puesto que cada niño tiene sus propias particularidades y diferencias, si existen puntos claves que permitirán la aplicación óptima de nuestras sesiones.

Reglas y principios claves:

1.- Saber por qué estimulamos:
Es regla principal, tener conocimientos sobre los objetivos y los principios que sustentan la razón y la importancia de la estimulación temprana. Todos debemos saber que el fundamento científico es la plasticidad neuronal del cerebro del bebé: En los tres primeros años de vida, nuestro cerebro produce el mayor trabajo que realizará durante toda su vida pues en esta etapa se produce la mayor cantidad de conexiones sinápticas. Cada caricia, juego, actividad o diálogo con el niño es lo que propicia estas interacciones neuronales y lo que permitirá el aprendizaje de nuevas situaciones.

2.- Considerar la disposición del niño:
Identificar el momento propicio para realizar los ejercicios de estimulación. Ser buen observador de actitudes, gestos o expresiones que nos indiquen el estado de ánimo del niño, cuando éste se encuentre cansado, malhumorado o llore por hambre o alguna otra necesidad, no lo podemos obligar a que realice las actividades de estimulación, no conseguiríamos su atención, lo que debe primar es la necesidad del niño y propiciar un momento propicio, en el cual el niño se encuentre dispuesto y atento.

3.- Organizar un ambiente propicio para el aprendizaje:
Para realizar las actividades de estimulación temprana eficazmente, es necesario que el niño encuentre un clima agradable, que le brinde comodidad, lo motive y despierte en él su atención. Se debe asegurar que exista iluminación y temperatura adecuada, y básicamente organizar el ambiente apropiadamente de tal manera que no confunda al niño sino que le permita dirigir su conducta y sus aprendizajes. Un ambiente desorganizado propicia un ?desorden? que puede verse reflejado en las conductas del menor.

4.- Respetar el ritmo de aprendizaje del niño: Estimular no es adelantar:
Cada niño tiene su propio ritmo de aprendizaje, no lo podemos sobrecargar. Estimular no es hacer niños genios, es propiciar el desarrollo de habilidades oportunamente, en el momento adecuado. Para ello debemos considerar la edad del niño, sus características, sus gustos, en fin, sus particularidades. Para cada etapa, existen capacidades que deben ser desarrolladas, pues el desarrollo del niño sigue una secuencia general, por tanto potencializar estas habilidades implica conocer las etapas de desarrollo del niño y los logros que se esperan de él sin saturarlo.

5.- El tiempo de estimulación:
Respetar el tiempo de atención del niño es vital para realizar las actividades de estimulación temprana. Estimular al niño por más tiempo no significa que va aprender más, por el contrario, esto lo saturaría. Todas las actividades deben realizarse a manera de juego, en el caso de los bebés, su tiempo de atención hacia actividades dirigidas es menor al de un niño de 2 años, por tanto, en los programas de estimulación temprana se considera que óptimo que las sesiones de estimulación temprana tengan una duración de 45 min. a una hora, pero dentro de ellas cada actividad debe cambiar según el tiempo de atención y la edad del niño, puede ser segundos o minutos. En casa, esto se maneja de diferente forma, se utiliza un criterio no estructurado, aprovechando cada momento en el cual el niño se encuentre atento y dispuesto, por ejemplo, cuando lo cambiamos podemos estimularlo afectivamente con caricias, cognitivamente, enseñándole las partes de su cuerpo, estimulando el lenguaje a través de canciones, etc.

6.- Reforzar positivamente los esfuerzos del niño:
El principio de reforzamiento positivo nos dice que si luego de determinada conducta existe una consecuencia positiva o favorable para la persona, esta conducta aumenta. Cuando un niño recibe aplausos, gestos de aprobación, elogios o caricias, se siente feliz, motivado a realizar sus logros, por lo tanto asociará las actividades como momentos gratificantes. Es importante reforzar positivamente sus logros pero también animarlo a enfrentar y superar los obstáculos dándole el apoyo necesario. Esto es lo que hará que en el futuro sean personas capaces de asumir retos.