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“Gracias a mi discapacidad estoy en camino a alcanzar mis metas”
( Jael Peñaloza Ortega)
Acapulco, Gro., Febrero del 2010 (México).
Quiero compartir mi experiencia de vida al tener una hija con pérdida auditiva (hipoacusia bilateral). Comparto con ustedes esta experiencia de inclusión de mi hija Jael a dos culturas diferentes que interactúan entre si y a la vez como interventora en educación.
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Cuando yo tenía 6 semanas del embarazo de Jael enferme de Rubéola, aunque la atención fue en el IMSS, (Instituto mexicano del seguro social) la doctora que me atendió durante todo mi embarazo y tuvo los resultados de mis exámenes, no me dio una buena información u orientación, solo me dijo que mi hija tardaría para hablar y para caminar pero que nacería “normal”, no me mencionó cuáles eran algunas de las consecuencias de la Rubéola en las primeras semanas de gestación.
En los primeros dos años Jael tuvo un crecimiento normal físicamente, aunque no gateó pero empezó a caminar dentro del tiempo que todo niño lo hace, pero para cuando ella tuvo que empezar a hablar no pronunciaba palabras claras, solo señalaba lo que ella quería o bien me llevaba al lugar donde estaba lo que quería o ella lo tomaba, toda comunicación era con señas, mímicas o gestos.
Para los 4 o 5 años su lenguaje verbal era ininteligible, no se le entendía nada, como que hablaba y ella creía que yo le entendía, pero no, solo decía o trataba de decir palabras cortas, como agua, leche, comer, vamos” etc.
Ante la situación de la discapacidad de Jael, la familia estuvo fundamentalmente centrada en una actitud de aceptación ella fue desde que nació una niña querida y amada por todos, aunque era ya mi tercera hija sus abuelos, especialmente los maternos que son con los que ella se crió, tíos, primos, amigos, todos la querían, aunque en ese tiempo no sabía nadie que ella había nacido con un grado considerable de pérdida auditiva; todos estaban conscientes que tendría un retraso en el habla y en poder caminar dentro de la edad normal de cualquier niño porque la doctora así lo había planteado pero no específico la causa.
Sin embargo para cuando se dio el diagnóstico de sordera, sí causo incertidumbre, preocupación y angustia acerca de cómo sería su desarrollo del habla y de su crecimiento general, pero eso no cambio la relación afectiva, ahora podían entender el por qué ella no hablaba y se comportaba como lo hacia hasta entonces, no hubo discriminación para ella jamás dentro de la familia.
El apoyo que manifestaron todos los miembros de la familia fue unir esfuerzos para que Jael saliera adelante, debo decir que en cuanto mi esposo, él nunca me hizo un reproche o acusarme de algo sobre la discapacidad de nuestra hija. Algo muy importante, a medida que Jael se fue integrando en la escuela, su avance fue notable en todos los aspectos, empezó a manifestar interés en su educación, superación personal, quería aprender todo y preguntaba siempre, los niños sordos en su mayoría siempre están preguntando, son activos.
Con el pasar de los años en el ir y venir de una escuela a otra, terminaba un grado y pasaba a otro, nunca se dio por vencida ni la familia tampoco. Se fue ganando un lugar particular (especial) en la familia, un lugar que no todos quisieron buscar al aplicarse en el estudio, abstenerse de algunas cosas, sacrificar tiempo al estar lejos de los seres queridos. En la actualidad Jael con su empeño y compromiso ha demostrado que al nacer con una desventaja la podemos revertir para alcanzar metas en la vida.
La familia la quiere, le reconoce su valor, se sienten orgullosos de que ella sea parte de la familia, les ha demostrado que no existen límites para aquellos sueños que queremos alcanzar.