Consultas Online
Respuestas
Preg. Frecuentes
Boletín Virtual
Educación
Salud
Tiendas especializadas
Fiestas Infantiles
Lugares de Recreación
Talleres
Desarrollo del Niño
Estimulación Temprana
Estimulación Prenatal
Psicomotricidad
Comportamiento
Inteligencia
Familia
Juegos y Juguetes
Sindrome Down
Etapa Preescolar
Lenguaje
Nutrición
Artículos Especializados
Biblioteca de Artículos
Productos Recomendados
Artículos Especializados
<< Volver a Artículos Especializados
<< Volver a Biblioteca
EL NIÑO CRISTAL PSEUDO-AUTISTA
El fenómeno del niño índigo.
La clínica de niños con trastornos de desarrollo como se llama a ciertas patologías psíquicas graves en la temprana infancia (niños atípicos) constituye un compromiso mayor que con otro tipo de pacientes, pues su abordaje esta sustentado en un sufrimiento casi intolerable, lo que significa un gran desafío de intervención. Estos niños sufren y hacen sufrir, y la ardua tarea consiste en inaugurar la vida psíquica allí donde no existe.
Por ejemplo hemos conocido que un niño no nace autista -se hace- construye una fortaleza entre su mundo interno y el mundo exterior, cortando toda comunicación con el entorno, su conducta de aislamiento lo protege contra el retorno de una primitiva angustia, y de la intrusión del mundo externo que es vivida como una violencia destructora. Estos niños según Meltzer se caracterizan por su hipersensibilidad sensorial y una gran complejidad del funcionamiento mental, abrumante para el terapeuta.
Pasaré ahora a detallar el comienzo de mi experiencia con
los nuevos niños de este tiempo
de quienes se habla tanto hoy, pero que entonces estaba aún lejos de saber de su existencia.
Todo comenzó con el primer niño que rompió las estructuras conocidas y marcó la diferencia con todo lo vivido y conocido anteriormente como profesional de estos casos. Y detrás de él llegaron otros.
Alexis, así se llama, de 3 años de edad con desfasaje en el desarrollo lingüístico, apenas hablaba, comunicándose gestualmente.
Afectado en su capacidad lúdica, observaba en él rasgos de espectro autista, trastorno del desarrollo severo con dificultadas en la socialización, prácticamente sin interacción con el otro como refería el informe institucional que trajeron los padres. Presentaba también risas inmotivadas más relacionadas con sensaciones internas, típicos de los trastornos de la constitución subjetiva.
Había sido evaluado en una institución estatal, especialista en el diagnóstico de estos pacientes, y desde allí me fue derivado para el inicio del tratamiento psicológico correspondiente.
Su diagnóstico coincidía hasta ese momento con lo que mi ojo clínico también podía corroborar.
Es por eso que con cada paciente no se olvida nunca el día que por primera vez las miradas se encuentran, momento fundante de una nueva etapa en el tratamiento.
Comencé el trabajo con Alexis estableciendo un dispositivo propio para él.
A esta altura tengo que agregar que además de mi ejercicio profesional, soy investigadora de la civilización maya y estudiosa de algunos de sus calendarios, uno de los cuales se distingue por brindar información a través de determinados símbolos/glifos mayas de características ideográficas, es decir, cada glifo representa un conjunto de ideas y su estudio permite aprender a decodificarlos e interpretarlos.
Un día Alexis llegó y comenzó con su accionar acostumbrado: movimientos estereotipados sin demasiado registro de mi presencia en “aparente” juego que estaba aún muy lejos de constituirse como tal, llevado a cabo de manera solitaria.
Antes de su llegada yo había estado leyendo material maya que quedó sobre el escritorio, entre ellos la rueda maya con los veinte glifos.
El azar o la conspiración cósmica dejo esa rueda al alcance de la mirada de Alexis quien clavó sus ojos en ella y una gran transformación se produjo en la expresión de su rostro.
Una expresión que nunca antes había visto en él.
Se quedó contemplando largo rato esos dibujos, extasiado sin atreverse a tocarla.
El tiempo se detuvo, mi experiencia me indicaba que un encuentro se estaba produciendo, pero esta vez no era con mi persona como venía esperando, sino con un sistema de codificación.
Los ojos de Alexis saltaban de un glifo a otro, en un silencio que gritaba su júbilo. Era la primera vez que veía en él, tamaño interés por algo externo.
Y en un instante supe que lo que estaba aconteciendo inscribía el “nacimiento” de “algo” que aún yo estaba lejos de comprender.
Acompañé el viaje de su mirada en ese momento eterno, nombrando en lengua maya cada glifo. Al rato, su dedito me iba señalando lo que quería escuchar. Se había iniciado el diálogo entre nosotros.
Pasaron las sesiones y Alexis apenas llegaba rápidamente iba al encuentro de la rueda mostrándome que esa escritura ideográfica resonaba en él de una manera muy particular, manifestando una gran sensibilidad y conexión con los códigos mayas, que ocuparon un lugar de privilegio en su caja de juegos. Cada tanto me miraba, con una mirada intensa, sabia y profunda penetrando mi alma.
Esa rueda maya constituyó el puente para que la comunicación y el vínculo terapéutico se inauguraran.
También fue la llave que abrió puertas desconocidas de su mundo interno.
Alexis progresaba día a día, saliendo de su coraza, pero
a diferencia de los niños autistas no hubo en él, recrudecimiento de la angustia
tal como lo planteé en la primera parte de este texto. Y esto ya marcaba una
primera y fundamental diferencia.
La apertura de su coraza dio paso a un niño con facultades que hasta ese momento estaban dormidas, abriendo cada vez mayores interrogantes en mí, en relación con su primer diagnóstico.Despertó el mundo simbólico y los números y letras también ocuparon su interés enriqueciendo su lenguaje comunicacional. Rápidamente se alfabetizó en un proceso que no coincidía en absoluto con los pasos previstos desde la teoría del aprendizaje estructuralista vigente actualmente en el campo educativo.
La alfabetización irrumpió sin pasar por las fases conocidas y esperables: presilábica y silábica; y prácticamente sin errores de ortografía. Su velocidad de lectura era sorprendente, inclusive con la hoja al revés.
El “autista” de la noche a la mañana se transformó en un pequeño investigador fascinado por lo que tenía ante sus ojos, preguntando todo lo que se le ocurría acerca de los glifos mayas e interactuando con ellos y manifestando sus preferencias.
Sus apreciaciones coincidían notablemente con el conocimiento maya y los primeros trazos hechos sobre una hoja de papel fueron para dibujarlos, superando así la resistencia que hasta entonces le producía la hoja en blanco.
Daba la impresión que ya lo sabía y que sólo estaba recordando.
Por mi parte debía comandar mi fascinación por este pequeño sujeto que iba naciendo y que rompía viejos esquemas conocidos.
Y nuevamente la causalidad obró para que me llegara información acerca de los
niños frecuencia índigo y cristal
en el momento preciso, que coincidía plenamente con lo observado en Alexis, tanto como contrastaba con el primer diagnóstico de autismo.
Me dediqué al estudio e investigación conectándome con otros profesionales que ya estaban en el tema, entre ellos Sandra Aisenberg y Eduardo Melamud.
Conocer sus investigaciones y técnica de decodificación de
memoria celular
me permitió enriquecer notablemente mi práctica profesional.
Alexis tuvo varias sesiones con ellos con esta técnica que permitió corroborar su frecuencia cristal cortando camino y avanzando más rápido en el abordaje terapéutico y desbloqueo de dones.
El trabajo con él continúa, mi formación en los nuevos paradigmas también.
Habrá que acompañarlo un tiempo más para optimizar su inserción escolar y ajustar el criterio pedagógico a sus potencialidades, y a sus padres cuya tarea es imprescindible para el fortalecimiento de su campo emocional.
Alexis fue el primer niño
cristal
con diagnóstico de
pseudoautismo
, detrás de él llegaron otros.
El gran desafío que debemos atravesar los profesionales de la salud de niños y adolescentes de este tiempo, es atrevernos a ejercer una revisión de todo lo aprendido en nuestra especialidad, pues lo viejos parámetros de evaluación en las áreas de psicopedagogía y psicología infantil no nos están alcanzando para el abordaje de las nuevas estructuras psíquicas que vienen llegando, cuyos procesos de maduración y evolución ya no responden a tablas y test tradicionales ni a la visión clínica de antaño, pues la característica de estos niños no corresponde a una topología de desarrollo conocida.
De ahí la necesidad de profesionales capaces de realizar un muy buen diagnóstico diferencial, pues de lo contrario el niño queda atrapado en una falsa mirada que puede alejarlo para siempre de su verdadera esencia.
Volviendo a Alexis a esta altura las sesiones incluyen material que pueda favorecer el despliegue de sus sentidos: aromaterapia, música con diferente llaves tonales, contemplación y pintura de mándalas, etc. y sus facultades.
La oferta de estos diferentes estímulos está puesta al servicio de conocer sus preferencias y con cuál de ellos sintoniza mejor.
La música de delfines ocupa un protagonismo importante en nuestro trabajo.
La primera vez que la escuchó manifestó el mismo éxtasis que cuando vio los glifos mayas.
Detuvo su actividad y se quedo largo rato con su mirada fija en el CD con gran satisfacción.
Actualmente los delfines y su sonar son sus preferidos y siempre pide “a nuestros amigos los delfines” como telón de fondo de nuestro trabajo. E invariablemente habrá un instante en la sesión en que detendrá la actividad para disfrutar y conectarse exclusivamente con ellos como si una intensa y privada comunicación se estableciera, entonces llena el ambiente un estado de intensa paz y armonía.
Sonríe complacido y vuelve al juego.
También se destacan los notables progresos en motricidad gruesa, aprendió a andar en bicicleta y esto marca otra diferencia diagnóstica importante, los niños autistas tienen serios problemas con el equilibrio y el manejo del esquema corporal en el espacio.
Su gran habilidad en el manejo de la computadora ya no es excluyente, de a poco va saliendo de la pantalla que lo capturaba y disfruta del movimiento.
Alexis lo confirma día a día, ya es un niño “carita contenta”, como le gusta describirse tachando la “carita triste” del comienzo. Y a medida que se va desplegando su potencialidad, se hace más evidente su sensibilidad al medio ambiente, su amorosa ternura con animales y niños pequeños y la gran empatía que muestra con las emociones ajenas.
Alexis fue el primer niño
frecuencia cristal
que conocí con grandes facultades que fueron bloqueadas como consecuencia de una situación familiar de duelo que lo sumió en un estado profundo de tristeza y lo llevó al
encapsulamiento psíquico
.
Tal vez hubo otros en el pasado que no pudieron despertar porque yo aún estaba dormida a los nuevos paradigmas. ¡Como saberlo!
Un viejo refrán dice: el maestro llega cuando el discípulo está listo, y estos pequeños maestros llegaron en el momento preciso.
Ahora voy por la vida encontrándolos a cada paso, a ellos, los nuevos niños de este tiempo.
Compartir
Tweet
Ver Mapas Conceptuales - Detección Temprana
María José Torres
Argentina.
<< subir
Todos los Derechos Reservados - 2009
Cosas de la Infancia® marca registrada por Infancia E.I.R.L del Grupo Kiddy's House
www.cosasdelainfancia.com