La autoestima y la estimulación temprana
![]() La seguridad y la autoestima son aspectos fundamentales que se adquieren en la primera infancia. Está clínicamente demostrado que el amor, las caricias, el afecto entre el niño y los que lo rodean tiene un importante efecto positivo en su desarrollo emocional. La autoestima incluye todas las creencias y sentimientos que tenemos acerca de nosotros y afecta todo lo que hacemos en la vida, se desarrolla a partir de nuestras experiencias e interacciones, éstas pueden ser positivas o negativas, pero sin duda un niño necesita más encuentros positivos que negativos para desarrollar un autoconcepto positivo. Los niños necesitan además, amor incondicional y confianza por parte de sus padres, un niño con una autoestima sólida es frecuentemente optimista, amistoso, cortés, dispuesto a asumir riesgos y abordar situaciones nuevas, capaz de fijarse metas, autónomo, responsable, servicial, capaz de solucionar problemas, asertivo al expresar sus opiniones, comúnmente son considerados los lideres de equipo o el mejor amigo del grupo.
Los niños con baja autoestima son más propensos a unirse a pandillas o buscar apoyo en las drogas o el alcohol, afectando esto al individuo y a la sociedad; se caracterizan por la poca confianza en sí mismos, la búsqueda de apoyo, seguridad e identidad en los demás antes que en las figuras parentales y en sí mismos; un niño que crece con seguridad, demostraciones de afecto por parte de quienes lo rodean, con experiencias de éxito tras asumir retos, esforzarse, perseverar hasta cumplir sus metas es un niño con un futuro prometedor.
La estimulación temprana no solo permite al niño realizar destrezas motoras e intelectuales, en cada actividad, en cada experiencia, el niño es el protagonista y cada logro despierta emociones afectivas e intensas él, la admiración y el elogio de los demás, son experiencias que elevan su autoestima, por ello es importante propiciar entornos retadores que permitan impulsar las oportunidades de aprendizaje, interacciones sociales y actividades físicas, las cuales son claves para el desarrollo cerebral, la capacidad para aprender y la estabilidad emocional.
Las oportunidades de aprendizaje y éxito que se pueden brindar a través de la estimulación temprana son innumerables. Pensemos cómo un niño puede alcanzarlas, con actividades sencillas para nosotros los adultos, pero muy retadoras y significativas para ellos; pensemos cuando un bebé gatea y le colocamos un obstáculo que debe superar, al principio lo ayudemos, lo guiamos, lo alentamos hasta que al final lo logra y alcanza el juguete deseado (su meta). De igual manera, no podemos negar la alegría que experimentan los padres y el niño cuando luego de varios intentos, de varias caídas, y de superar sus miedos, logra dar sus primeros pasos sin apoyo, significa para él una sensación gratificante, una experiencia totalmente novedosa y placentera que se logra al asumir riesgos, lograr el equilibrio y controlar su propio cuerpo sin la seguridad que le proporcionaba apoyarse en otros objetos, superficies o personas, ahora la seguridad se la brinda él mismo y se siente realmente contento por ello, es el inicio de su autonomía, ahora se siente capaz de realizar cada vez más destrezas; éstas son sus primeras experiencias de vida, las que forman su personalidad. La superación de obstáculos y el logro de metas se inician desde el primer año de vida.
Brindemos cariño, afecto, la ayuda necesaria para que sea capaz de valerse por sí mismo, estímulos retadores desde la primera infancia, amor y cuidados es lo que necesita para ser mejor persona. Este artículo es una colaboración de: Dr. Orlando Terré
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